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Madrid:Frontera. David Llorente.
AlRevés (Barcelona, 2017).

Eres un lector ávido de emociones, de sensaciones fuertes, no quieres que se anden por las ramas; a ti te gusta la acción, ir directo al grano. Te voy a decir lo que vas a leer.

¿Qué?
Madrid:frontera.
¿Me impactará?
Sí.
¿Hasta tener que dejar de leer en algún momento?
También.

En Madrid:frontera (MF) no encontrarás la ciudad de Madrid, ni siquiera otra semejante, ni una ciudad tal como la entiendes ahora. Madrid es una ciudad de edificios vacíos. En la ciudad de Madrid (de hecho) hay más edificios vacíos que edificios ocupados. Hay más gente viviendo bajo la lluvia que viviendo bajo techo. La ciudad de Madrid ha perdido su identidad (que es la peor de todas las desgracias), está infestada de comebasuras, de individuos que hurgan en los contenedores a riesgo de que los multen, o los frían a palos, o los envenenen. Los han echado (a patadas) de sus casas, les han quitado (antes de que se tiren por el balcón o se inmolen) lo poco que tenían y ahora viven bajo cartones para protegerse de una lluvia que nunca cesa.

¿Y los niños también duermen en la calle?
Sí.
¿Y comen basura?
También.

Quizá te cueste creerlo, pero detrás de las ruinas de la antigua estación de Atocha se encuentra el mar de Madrid, que golpea con fuerza contra los acantilados, las voces de las sirenas llaman constantemente a sus habitantes a arrojarse, a estrellarse contra las rocas, a desaparecer en un mar oscuro como la tinta.

¿Las sirenas son bellas?
Sí.
¿Y querrán que me las folle?
También.

En MF apenas se puede sobrevivir, pero por suerte no te encontrarás inmigrantes, éstos están debidamente soterrados en un metro que ya no funciona, hacinados, como porcinos a la espera de su ración de Bollicao. No importa ser un inmigrante si te puedes comer un Bollicao de vez en cuando, si no has muerto inflado a hostias en la comisaría o no te ha metido la porra por el ano hasta reventarte el esfínter. Sólo eres un negro de mierda. En MF las putas tienen doce años, o menos, no hace falta más para comerse un rabo por un trozo de carne podrida.

Es una pesadilla.
O algo peor.

Es muy difícil dormir en la ciudad de Madrid. Nada más cerrar los ojos se oye el murmullo de los muertos. Las cunetas de la ciudad de Madrid están llenas de muertos. Los coches que circulan por la M-30 empiezan a temblar misteriosamente y a los conductores se les pone la piel de gallina.

¿Seguiré leyendo?
Disfrutarás como un cerdo que se revuelca en la mierda. Tendrás esa suerte.
¿Por qué?

Porque en la ciudad de Madrid no queda un solo libro, arden a 451º Farenheit en una inmensa hoguera; hay quienes los han memorizado para que nunca se pierdan, para cuando todo se acabe y puedan volver a escribirlos.
¿De memoria?
Sí.
Pobre gente.

No creas, no todos viven en la inmundicia. Hay quienes desayunan café y tostadas y zumo de naranja, tortilla de patatas, porras y chocolate. Hay quienes se acarician las calvas mientras piensan en la última puta a la que se han follado juntos, con un tiro de coca en una mano y una cerveza en la otra.
¿La mujer de uno de sus empleados?
Sí.
¿Que se la come a todos cada noche?
Sin faltar una.
¿Quiénes son?

Son los integrantes del Cubo, los que protegen y cuidan, los que amparan, que siempre velan por el bienestar de los ciudadanos. En los tejados y en las azoteas de todos los edificios hay una pantalla de plasma. Es una inmensa pantalla de LED de veinte metros de alto por noventa de largo que proyecta (ininterrumpidamente) el rostro del líder, que se dirige a la población y dice: Los malos tiempos ya han acabado. Hemos superado el bache. Doy gracias a la población de la ciudad de Madrid por su esfuerzo impagable y por su confianza en nosotros.

¡Qué hijos de puta!

Tranquilo, tú no tienes por qué preocuparte, a ti no te va a pasar nada, tú estás a salvo, relajado, leyendo (qué privilegio), porque los agentes del Cubo no van a ir a por ti, porque tú eres dócil y no haces nada, no te opones, no gritas, no denuncias, no te quejas, sigues al rebaño ordenada y silenciosamente. Eres bueno, los agentes del Cubo no entran en la casa de cualquiera ni se llevan a cualquiera a un viaje sin regreso. Los agentes del Cubo van a por aquellos a los que la lluvia no terminó de adormecer.

¿Quiénes?
Los no gobernables.
Los que no se resignan.
Sí.
Los que se organizan y pelean y se manifiestan.
Esos.
Todavía existen personas que luchan en contra de la injusticia.
Por suerte.
Pero tienen a alguien en frente.
¿Quién?
Los antidisturbios.
¿Son peligrosos?

Los antidisturbios agarran la porra como si se agarrasen la polla. El agente antidisturbios (en la intimidad de su habitación) se pone la porra entre las piernas y se la acaricia (lentamente) hasta alcanzar el orgasmo.

Pero no te confundas, todavía hay algo más peligroso que encontrarte con los antidisturbios, que no permitan que protestes, todavía algo peor que te eche de tu casa una comisión judicial y te veas en la calle, sin comida, sin derecho a ponerte enfermo, sin esperanza, sin vida.

¿Algo peor?
Sí.
¿Qué?
Lo peor es que un día te confundas, y te acaben colocando un uniforme, porque el hombre es el uniforme que lleva puesto. El hombre que lleva uniforme deja de ser un individuo y se convierte en un grupo, en una idea, en una marca. Y eso es todavía peor, porque la pérdida de la identidad (no saber quiénes somos) es la madre de todas las desgracias.

Estoy deseando leerla.

Porque eres un lector ávido de emociones, de sensaciones fuertes, no quieres que se anden por las ramas; a ti te gusta la acción, ir directo al grano.

¿Ya sabes lo que vas a leer?
Sí. Madrid:Frontera. Aunque luego me resulte muy difícil dormir después de leer su historia, la historia de una ciudad dividida entre aquellos cuya vida es dulce y plácida y aquellos cuya vida no vale nada.